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Cómo escribir literatura fantástica

Cómo escribir literatura fantástica

Criaturas fantásticas, caballeros sin parangón, magos excepcionales y paisajes fabulosos. La literatura fantástica es el lugar donde nacen las leyendas. Se trata de uno de los géneros que más inventiva nos exigen a los escritores y, también, uno de los más divertidos de abordar.

Se trata de un género que nos da carta blanca para crear normas adaptadas a nuestro gusto y desarrollar cualquier suceso que se nos ocurra, independientemente de que viole todas las normas de la lógica de nuestro mundo.

Aunque lo primero que nos viene a la cabeza al pensar en fantasía son historias de “espada y brujería”, como definió Fritz Leiber el subgénero épico, la realidad es un abanico mucho más amplio: la fantasía oscura introduce elementos de terror, como los Mitos de Cthulhu de Lovecraft, o la ciencia ficción fantástica, que combina elementos de ambos géneros, como El planeta de los simios.

 

La magia y lo fantástico

Los hechizos y seres extraños son uno de los elementos más reconocibles de la literatura fantástica, la cual se caracteriza por hacer de lo imposible algo habitual. Como explicaba Julio Cortázar, Solo la alteración momentánea dentro de la regularidad delata lo fantástico, pero es necesario que lo excepcional pase también a ser regla sin desplazar las estructuras ordinarias en las cuales se ha insertado”.

La magia puede ser un elemento peligroso si no establecemos unos límites acerca de sus posibilidades y su alcance. Al introducir un elemento mágico en nuestra historia, también abrimos la puerta a que ocurra cualquier cosa. Esto puede crear la tentación de solucionar algo por una vía fácil que decepcione al lector. Debemos tener cuidado, establecer unas reglas diegéticas y no romperlas.

Un ejemplo de esto es Crónica del asesino de reyes de Patrick Rothfuss. El autor establece unas reglas muy claras de cómo funciona la magia –al menos la magia más habitual en ese mundo-, estableciendo claramente las posibilidades de los personajes. Sin embargo, también establece que hay una magia más poderosa, pero evita caer en un Deus Ex Machina y romper sus reglas al narrar desde un principio leyendas que nos hablan de estos poderes y criaturas.

 

Crear un mundo

En muchas sagas fantásticas, el mundo es tan protagonista como los personajes que lo habitan. La Tierra Media en El Señor de los Anillos o el Poniente en Canción de Fuego y Hielo son dos ejemplos excepcionales del peso que pueden llegar a tener.

J.R.R Tolkien y G.R.R. Martin no se limitaron a describir bosques interminables, muros de hielo y ciudades asombrosas, sino que los dotaron de un contexto histórico y social que hacen que, a pesar de ser un lugar imposible, ese parezca real.

Si conoces la historia de los lugares en los que se desarrolla la historia esto te permitirá crear sinergias entre los personajes. El realismo que transmiten las rivalidades y afinidades entre las grandes casas nobles de Poniente no hubiera sido posible si Martin no conociera con tanto detalle sus antecedentes.

También deberemos idear las convenciones y estructuras sociales. ¿En nuestro mundo existe un equivalente al matrimonio? ¿Se celebran los cumpleaños? Los conflictos sociales también pueden ser un excepcional telón de fondo para las historias fantásticas.

Un buen ejemplo es la saga de Geralt de Rivia de Andrzej Sapkowski, en el que una importante subtrama se centra en la tensión racial entre los humanos y los elfos y enanos que acaba con la rebelión de los Scoia'tael, que tiene un enorme impacto en el desarrollo de la historia principal.

Sin embargo, debemos recordar que nuestro objetivo final es narrar una historia. Tal vez no sea necesario explicar al lector con todo lujo de detalles todo el material que hemos creado, o acabaremos siendo excesivamente expositivos, farragosos y frenando el avance de la historia. Otro riesgo es que acabemos destinando demasiado tiempo al trabajo de constructor de mundos y olvidando el de narrador: busca un equilibrio.

 

 

Comencemos escribiendo relatos

Si somos noveles, siempre nos será más fácil manejar un relato corto que uno largo. Pero en la fantasía es todavía más útil el comenzar con relatos. Estos no solo nos permitirán foguearnos antes de dar el salto a una saga, sino que también nos pueden servir de sonda para conocer el mundo que estamos creando, explorar sus diferentes zonas, y desarrollar su historia.

Uno de los autores más emblemáticos del género fantástico comenzó así. Cuando escribió El Hobbit, Tolkien ya había creado buena parte del universo en el que se desarrolló su saga fantástica El Señor de los Anillos, teniendo como material de apoyo todo lo que más tarde conformarían El Silmarillion y Los cuentos inconclusos.

No es el único. Andrzej Sapkowski creo a su carismático brujo Geralt de Rivia en una serie de relatos y solo dio el salto a la novela tras haber escrito una docena de ellos.

Para terminar, es destacable que es uno de los géneros más autopublicados. Los fans de las sagas son activos, crean webs alrededor de las mismas, escriben fanfictions y, al final, sus propias novelas. Os recomendamos que leáis algunas de estas propuestas, podéis llegar a hallar pequeños tesoros. 

Las opiniones de la comunidad (1)

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  • Juan Carlos Federico Gregorini

    Juan Carlos Federico Gregorini - miércoles, 18 de julio de 2018

    Gracias a estos consejos comencé a escribir los relatos previos de una novela fantástica que estoy escribiendo. Incluso pienso ir a los orígenes de mi historia. Gracias por estos consejos tan útiles.