Ayuda del Diablo

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Alguien que solo pretende indagar en lo potencial mas allá de las convenciones y de los rebuznos de los que se creen sabios. Alguien que...

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Descripción

Sin utilizar inapropiadas vehemencias o displicencias, durante ese encuentro con Felicia Archetto, que no resultó en una agonía ni en una máquina de picar carne, Rogelio Giménez armó argumentos mediocres. Y no fue como los que se comportan selváticos o torrenciales, sino que actuó como un hombre sumido en esa desgraciada coyuntura, algo traumado, que en algún momento pensó que había destruido a muchas de sus opciones de vida por servir a la Señora. Pero en esos instantes le brindó chirriantes informaciones de lo que le ocurría, de las confrontaciones insultantes a las que hacía frente, y se ejemplificó como el pobre tipo al que ataban a un palo para arrojarle verduras en descomposición y todo tipo de basura. Se había convertido en un personaje al que el imaginario colectivo identificaba con la amplitud del mal, y del que decían que se trataba de un mendaz, que tuvo una filibustera maestría en el manejo de las cuentas públicas. Seguidamente el hombre se embarcó en varios recuerdos solemnes, tomando amplias distancias de cualquier rencilla; se refirió a como juntos habían hecho el trabajo que no sabían hacer los de la presente administración. (Frente a la Señora Archetto Giménez siempre se había conducido con humildad, y a tientas arrojaba algo de fuego sobre la megalomanía de la mujer). También habló de cómo habían sido las épocas comunes, de la mutua condición de padres, de que los querían vedar en las listas políticas, y de las impecables restricciones que hacían a sus movimientos, lo que le recordaba a lo acaecido durante pesadas dictaduras. En su fuero íntimo entendía que esa mujer fue quién le había dado vida política, pero también quién lo hizo descender a purgatorios judiciales al comprometerlo con asuntos riesgosos: Giménez recibía malditas acusaciones, una detrás de otra. Algún día le diría, que sus apreciadas aptitudes no se habían basado en servilismos, porque lo había puesto en la línea de fuego y temía que lo dejara abandonado. Sin embargo, en esos instantes de dolorosa indignación, procuró que se comprometiera a que no le ocurriera ningún desastre, y que no recayera sobre él, todo lo erróneo e impersonal que se había acumulado durante su gestión. Archetto había sido la creadora del monstruo que representaba en público, al que no le había dado libertad de movimiento, pero sí lo embruteció para que pisara en falso y sufriera los más duros trastornos, mientras ella se hacía la distraída, que no prestaba atención a lo que pasaba remotamente, y se preocupaba más en adelgazar algunos gramos de su sobrepeso, que articular con sus labios una orden, o un llamado de atención que repusiera las cosas en su sito. Lo había convertido en un Frankenstein al que dirigía en forma autoritaria, y después libraba a la anarquía, mientras ella se ponía perfumes con tufos mesiánicos. Sin embargo, en esa hora, la Señora Felicia le empujó buenos consejos que refulgieron junto a la vastedad de sus causas nobles, con la idea que las graves y tempestuosas angustias no siguieran clavándose en su pecho. Se enfocó en algunas cifras dispares, y afirmó que la situación política cambiaría en forma dramática e irreversible. Se mostró simpática, y sin esforzarse mucho le dijo que era uno de sus mejores amigos. También, que las entelequias judiciales abogadas por sus adversarios, partían de cuestiones azarosas, cuyas existencias nunca habían sido probadas: se trataban de desfalcos imaginarios, indagaciones malintencionadas y soberbias, ajustadas a una dinámica de sospechas en contra de los que habían sido funcionarios populares (asimismo, estas eran pesimistas asomos acerca de la naturaleza humana). Rogelio Giménez, un hombre alto, ubicado bajo las nubes de humo de los cigarros que fumaba, había sido reivindicado por la Señora, aunque en privado solía denostarlo. Según su inmediata versión, éste no era un hombre en declive y amargado, sino un titán, un héroe a quien había que salvar de la hoguera. Y eso sería lo que haría debido a su inclusiva bondad, más que a un estricto cumplimiento a la disciplina partidaria. Relato, 51 páginas.

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  • Javier O. Sosa

    Javier O. Sosa - martes, 23 de febrero de 2021

    Daniel, desde hace poco estoy tratando de volver (de a poco) a la pagina; y veo, con sorpresa y admiración, que aquellos grandes autores que descubrí siguen allí. Sólo falta Khorvhus, que me acabo de enterrar que ya no está, y eso me llena de tristeza. Respecto a tu escrito, admirable como siempre, y feliz de poder volver a leerte. Es una suerte poder reencontrarme con tus palabras, con tu lógica, y con la pausada sabiduría que brota de tus escritos. Felicitaciones (ya no se cuántas van, pero todas merecidas), y gracias por compartir tus textos y tu sabiduría.

  • Toni Ferrán

    Toni Ferrán - miércoles, 30 de octubre de 2019

    Buenos dias amigo Daniel, acabo de disfrutar nuevamente leyendi tu escrito. En un lugar donde los grupitos para comentar y publicitar se estan cargando el espiritu inicial de esta web, he de decirle al mundo que aun queda un literato libre y genial: salve Daniel Bernardo Grimberg. Con todo mi respeto y admiracion. Seguire insistiendo, para cuando nos vas a regalar el intelecto con una novela? Si hay alguien en este medio con capacidad para hacer un gran obra, ese eres tu, amigo. Un abrazo.

  • daniel bernardo grimberg

    RE:

    daniel bernardo grimberg - sábado, 2 de noviembre de 2019

    Hola Toni. El otro dia quise mandarte un msje largo por el celu pero no salio. Sere escueto. Pense muchisimo en lo que me decis y estoy explorando técnicas para lograrlo. Un gran abrazo.

  • Armando   Zami

    Armando Zami - miércoles, 12 de diciembre de 2018

    Excelente Daniel...el final y esta frase son excelsos."Ella igual los amaba, y los seguiría protegiendo tanto si estuviera sentada en el Sillón de Rivadavia, o en un retrete haciendo sus necesidades mientras hojeaba una revista de actualidad." Te felicito. Saludos.

  • daniel bernardo grimberg

    RE:

    daniel bernardo grimberg - viernes, 14 de diciembre de 2018

    Gracias Armando. También disfrute tu último trabajo. Un gran abrazo..

  • Mauro Maurois

    Mauro Maurois - viernes, 23 de marzo de 2018

    Muy bueno, Daniel. Destaco, además de tu capacidad de fabulación, la prosa, que oscila entre Cervantes, Antonio di Benedetto y Borges. Tu barroquismo es extrañamente soportable. Mis saludos.

  • daniel bernardo grimberg

    RE:

    daniel bernardo grimberg - viernes, 23 de marzo de 2018

    Muchas gracias Mauricio! Estoy muy orgulloso por las palabras que me has dedicado. Un gran saludo.

  • Daniel Rood

    Daniel Rood - lunes, 19 de marzo de 2018

    Excelente daniel, me encanto la frase dios estaba enamorado cuando vio brasil, jaja gran verdad. como te lo he dicho varias veces, eres uno de los mejores escritores del sitio.abrazo!!

  • daniel bernardo grimberg

    RE:

    daniel bernardo grimberg - viernes, 23 de marzo de 2018

    Gracias Daniel. Agregue algunas líneas para retratar mejor al doctor Mares. El protagonista más interesante del relato al que había que darle un poquito más de profundidad. Un abrazo.

  • Alvaro Amaya

    Alvaro Amaya - miércoles, 2 de agosto de 2017

    Daniel muy bien escritos,definidos y concretos estos entresijos del mal, que se entretejen por todos lados del orbe.Me agrado leerlo.Un abrazo.

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